Este árbol tiene 46.454 personas y llega 151 generaciones hacia atrás. Pero no empezó con una computadora ni con inteligencia artificial: empezó con una pregunta muy simple y muy humana, ¿de dónde venimos?
01Una pregunta sin respuesta
Siempre me pareció fascinante saber de dónde viene mi familia, mi apellido, ese diagrama que muestra cómo nos conectamos todos. Empecé a punta de memoria y de preguntas a quienes conocía, y mi primer árbol —en Geneanet— llegó a 334 personas. Pero había un muro: ¿qué hay más allá de los nombres de mis bisabuelos? Nadie sabía. La memoria no daba para más y los datos parecían no existir; la información se pierde en el tiempo.
El empujón final fue inesperado. En marzo de 2025 leí mi primer test de ADN (Circle) y me encontré con un ~21% de ascendencia del este de Asia junto al ~73% europeo que sí esperaba. ¿Cómo, si toda mi familia conocida es colombiana y de raíces españolas? Esa pregunta me llevó, en junio de 2025, a un sitio del que no esperaba gran cosa: FamilySearch. Me equivoqué: lo cambió todo.
02FamilySearch: el árbol de toda la humanidad
La historia de FamilySearch es una locura. El 1 de noviembre de 1894, la Iglesia mormona funda la Sociedad Genealógica de Utah con un propósito peculiar: reunir registros de los muertos para ceremonias religiosas en su nombre. Pero lo que nació como proyecto religioso se volvió otra cosa. Durante más de un siglo recorrieron el mundo microfilmando archivos: entraban a parroquias perdidas en pueblos remotos y preservaban registros que de otro modo se habrían perdido para siempre.
En 1999 abren su web al público y colapsa de inmediato: a los pocos días llevaban 100 millones de visitas. Y entonces tomaron la decisión que lo cambia todo: en vez de que cada quien construya su árbol aislado (como Ancestry y casi todos), en 2013 abren un árbol genealógico único y mundial. No partes de cero: si alguien ya investigó a tu tatarabuelo, te conectas directo a ese trabajo; y si tú corriges un error, la mejora le sirve a todos los que comparten esa rama. Es una Wikipedia genealógica donde todos somos investigadores a la vez.
03La IA que lee lo ilegible
Lo que me voló la cabeza fue la tecnología detrás. Cuando ves el perfil de un antepasado aparecen unos iconitos azules —los «Record Hints»— que sugieren registros históricos que podrían ser de esa persona. Debajo hay un sistema que lee manuscritos centenarios que ni nosotros podemos descifrar, en 227 idiomas, sobre microfilms deteriorados. En 2017 ese modelo (de FamilySearch y la Universidad Brigham Young) ganó una competencia internacional de reconocimiento de escritura a mano con un 7% de error, cuatro veces mejor que el segundo lugar.
¿Y cómo sabe que ese «Juan García» de 1820 es el mío y no otro de los mil que existían? No compara solo nombre y fecha: imita la forma en que pensaría un genealogista. Usa algoritmos fonéticos (entiende que García y Garsía, o Schmidt y Smith, pueden ser la misma persona) y, sobre todo, mira toda la red de relaciones: padres, cónyuge, hijos, hermanos. Mil Juan García, sí; pero ¿cuántos tenían un padre Pedro casado con María Rodríguez, un hermano Antonio, y se casaron con Josefa López en 1845? La combinación de relaciones es una huella digital.
De ahí nace el efecto cascada: una sola conexión correcta con un bisabuelo me enganchó con siglos de trabajo de otros investigadores y me reveló miles de parientes que no sabía que existían. De aquellas 334 personas pasé a 46.454.
04El árbol en números
Cuando el polvo se asentó, esto es lo que quedó: el colapso que crece hacia atrás, el «diamante» de ancestros por generación, de dónde vienen y en qué siglos nacieron.
Colapso por generación
% de posiciones de ancestro que se repiten — sube rápido hacia atrás
Ancestros distintos por generación
el 'diamante': crece, se ensancha y se cierra al converger
Orígenes geográficos
región más frecuente en los registros de tus ancestros
Nacimientos por siglo
del presente (siglo XXI) hacia la Edad Media; antes de eso, terreno legendario
05Por qué tu árbol no es un árbol
Aquí viene lo que más me sorprendió. Tu árbol genealógico, sobre el papel, es un árbol binario: tú (1), tus padres (2), abuelos (4), bisabuelos (8)… El número se duplica en cada generación.
El problema es que esa duplicación crece imposiblemente rápido. A solo 30 generaciones (unos 750–900 años) tu árbol «necesitaría» más de mil millones de posiciones de antepasado, pero en toda la historia han vivido apenas unos 117 mil millones de seres humanos. Los números no cuadran. La única salida es que compartamos antepasados: que una misma persona ocupe varias posiciones. El árbol se pliega sobre sí mismo y deja de ser un árbol para volverse un grafo acíclico dirigido.
No es una anomalía: es una necesidad estadística, y se ve clarísimo en mi propio árbol. De las 46.454 posiciones documentadas hay 7864 antepasados que se repiten. En la generación 14 harían falta 1818 posiciones, pero las llenan solo 335 personas reales: un colapso del 81.6%. La causa, en el Eje Cafetero, es la endogamia regional —apellidos como Serna, Gómez, López, Giraldo, Orozco o Castaño se repiten porque las familias se casaban entre sí en pueblos pequeños de Antioquia y Caldas—; en Europa, los matrimonios dinásticos.
Los antepasados-embudo del colapso
Estas personas reaparecen por miles de líneas distintas: son los nodos donde el árbol se cierra sobre sí mismo.
06El viaje de tus ancestros
Si seguimos ese colapso hacia atrás sobre un mapa, aparece un viaje. El centro de gravedad de mis ancestros arranca en Colombia (el Eje Cafetero), cruza el Atlántico hacia Iberia alrededor de la generación 14, y más atrás se interna en Francia y el resto de Europa. Mueve el control o pulsa Reproducir.
Cada punto es el centro de gravedad geográfico de una generación. El recorrido va del presente (ámbar, Colombia) hacia el pasado (azul, Europa). Las generaciones más profundas (≳38) entran en terreno legendario: ahí el árbol comunitario enlaza linajes remotos —incluida una rama hacia China— que el ADN no respalda. Costas: Natural Earth (50m).
07Explora el árbol completo
El grafo completo, con cada persona una sola vez. Los antepasados que se repiten quedan marcados en ámbar; al hacer clic en alguien se resaltan todas sus líneas hasta ti —ahí se ve el colapso en su escala real—. Puedes filtrar por nacionalidad para resaltar, por ejemplo, esa misteriosa rama asiática, o expandir el mapa a pantalla completa.
Arrastra para mover · rueda para zoom · clic en una persona para ver todas sus líneas hasta ti · “Conectar dos personas” traza su antepasado común más cercano. Datos: FamilySearch
08El árbol contra el ADN
Meses después me hice un segundo test, esta vez especializado en ascendencia (AncestryDNA, octubre de 2025). Su desglose, mucho más detallado, confirma de forma independiente las cuatro ramas que documenta el árbol: la élite ibérica, el linaje indígena colombiano, las raíces sefardíes y la herencia europea.
El matiz del colapso: en el árbol, Francia es el origen #1 por número de registros (10.899), pero en el ADN es apenas un 2%. No es contradicción: esos registros son realeza medieval muy atrás en el tiempo y muy colapsada —pocas personas reales repetidas por miles de líneas—, así que aportan poquísimo ADN frente a la ascendencia reciente.
¿Y el ~21% «asiático» del primer test, que empezó todo? El segundo, más fino, lo aclara: ese «este de Asia» era casi seguro mi fuerte ascendencia indígena americana (Colombia y Venezuela, 36%). No es coincidencia: los pueblos indígenas de América descienden de poblaciones del noreste de Asia que cruzaron por Beringia, así que un test con paneles de referencia gruesos confunde lo indígena con lo «asiático». Misterio resuelto —y bastante más bonito que un error—.
Queda un cabo suelto divertido: el árbol comunitario sí enlaza, en sus ramas más profundas (más allá de unas 38 generaciones), un linaje que llega hasta China. Eso es terreno legendario, no ascendencia real que respalde el ADN; como mucho, un guiño al Galeón de Manila —la ruta que conectó Asia con América vía México—. Sea dato o leyenda, la lección es la misma: mi historia no es una línea recta desde España, sino una intersección de rutas que convergen en mí.
09Cruces familiares notables
Sangre real española y europea
- Alfonso XI de Castilla y León (1311–1350)
- Enrique II de Castilla (1333–1379)
- Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla
- Juana I de Castilla
- Felipe I de Habsburgo
- Maximiliano I von Habsburg y María de Borgoña
- Federico III del Sacro Imperio Romano
Conexión a través de la rama Álvarez de Toledo → Zúñiga → Pimentel → Enríquez.
Los Médici y los Borbones
- Cosimo I de' Medici y Francesco I de' Medici
- María de' Medici (1573–1642)
- Henrietta Marie de Bourbon
- Carlos I y Carlos II de Inglaterra
- James II de Inglaterra
Raíces sefardíes
- Samuel ben Mehir Abulafia ha-levi (1340–1361)
- Shmuel ben Bueno Abulafia (1435–1485)
- Álvaro Abolafi Gómez de Castro (1472–1544)
- Cristóbal Gómez de Castro (1601–1651)
Línea sefardí probablemente convertida al catolicismo tras la expulsión de 1492.
Linaje indígena y conquistadores
- Luisa Yameci (indígena, 1550)
- Indígena Inés Sánchez — rama Belalcázar
- Indígena María de Anserma
- Cacique Tahami
- Sebastián de Belalcázar (fundador de Cali y Popayán)
Familia Braganza (Portugal)
- Juan I de Portugal (1357–1433)
- Philippa de Lancaster
- Duarte I de Portugal
- Isabel de Bragança e Pereira
Rama Castro-Loaiza
El apellido paterno viene de Roberto Antonio Castro Loaiza (1913–1979). Conexión a la línea real a través de los Gómez de Castro y la familia Jiménez Fajardo.
Conexiones con personajes históricos
10La primera versión, a mano
Antes de todo lo interactivo, este PDF fue mi primer árbol. Lo armé a mano en Lucidchart, buscando los nombres uno por uno en FamilySearch y reconstruyendo cada rama a pulso. Lo terminé el 30 de enero de 2026, tras siete meses de investigación intensa en FamilySearch (y años de curiosidad familiar antes). Es la semilla de todo lo demás: lo que aquí cabía en un diagrama dibujado a mano, después se convirtió en los 46.454 ancestros que acabas de explorar.
11Combatir el olvido
Usar IA para leer manuscritos del siglo XVIII no se trata solo de nombres y fechas. Antes, la historia de una familia moría con el último pariente que la recordaba. Hoy, con la digitalización masiva y sistemas que «piensan como genealogistas», estamos construyendo algo parecido a un cerebro colectivo de la humanidad: cada conexión confirmada asegura que la vida de un antepasado —sus luchas, sus viajes, su existencia— no se borre.
Y al final, lo más bonito del colapso genealógico es su conclusión callada: si retrocedes lo suficiente, las ramas de todos nos terminamos cruzando. Este árbol es el mío, pero la idea es de cualquiera que se atreva a preguntar de dónde viene.